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28-12-2009 | 15:18 local

Con el fútbol en las venas

Héctor Rudi Viotti repasa su historia futbolística, que ya lleva 37 años ininterrumpidos ligados a una pasión. Primero como jugador y luego como entrenador.
 
(Por Fernando Laurenti) - Para mantenerse ininterrumpidamente en el fútbol nada menos que 37 años, algo hay que tener. Y mucho más si la intrascendencia no es, precisamente, un lugar común en esa historia. Mediocampista central de un despliegue y regularidad notables, luchador empedernido e infatigable, dispuesto a meter con todo los 90 minutos como si el partido siempre recién hubiera comenzado, bien podría involucrárselo en la definición del inefable Negro Fontanarrosa a la hora de hablar de los que tienen la pocas veces valorada función de recuperar: 'Estaba dispuesto a pelear la pelota no como si fuera la última, sino como si fuera (lo es) la única'. Así, con esa convicción, era difícil que perdiera un balón dividido, con notable facilidad para meter el cuerpo, pechar, sacar de línea al adversario. El círculo central era su hábitat natural y luego lo cambió por el banco de suplentes, para estar parado junto a la línea de cal formando parte del extenso listado de conspicuos adictos a la llamada silla eléctrica, esa que tiene tantas contras, es cierto, pero que no alcanzan a opacar el gran placer de seguir ligado estrechamente al deporte que más nos gusta y mejor jugamos, como dice Serrat. Como entrenador, Héctor Rudi Viotti alternó buenas y malas. Pero hay algo inalterable a los resultados deportivos que se registran en tal o cual campaña: el reconocimiento. Y sin mediar ningún tipo de encuesta, sino simplemente rigiéndonos por las entrevistas publicadas en este mismo espacio en los primeros meses de Rafaela Fútbol, hay opiniones de los actores del fútbol doméstico que no pasan desapercibidas. Desde la valoración de Iván Baudino en su reciente paso por Argentino Quilmes, pasando por el Negro Gustavo Barraza hablando de aquel Ben Hur invencible que logró el ascenso al torneo Argentino, hasta algunas frases explícitas que quisimos rescatar del archivo como para que hablen por sí mismas y, a la vez, nos liberen de la subjetividad periodística. Sergio Checho Quiroga indicó textualmente que 'Rudi Viotti es un técnico ganador y, además, un gran tipo que va de frente, lo que yo particularmente valoro muchísimo'. Después, el turno fue del Pacha Eduardo Molina, que mencionó: 'Me gusta cómo juegan los equipos de Rudi Viotti, sobre quien tengo las mejores referencias en cuanto al trabajo pero nunca pude formar parte de un plantel que él dirija'. Por último, Maximiliano Zbrun, el volante central de 9 de Julio, dijo: 'otro que es una gran persona y un excelente técnico es Rudi Viotti, más allá de que le tocó descender y por esas cosas del fútbol no se fue tan bien del 9. No estuve en el plantel del Argentino con él, pero compartí el trabajo y es realmente muy laburador'. Las palabras de los protagonistas eximen de mayores comentarios. Y es hora de prestarle atención a las palabras del protagonista principal de esta historia: ¿Cuándo arrancaron estas casi tres décadas sin interrupciones? Allá por 1971, en Ceres. En esa época no había inferiores, así que jugué unos seis meses en lo que hoy sería la Reserva y después ya me pusieron en la Primera, con 14 años. Y me quedé el año siguiente, en 1972. ¿Y después? Me fui a probar a Rosario Central. Alguien me dio una tarjeta de un contacto de los técnicos que manejaban las pruebas de los jugadores del interior y me fui para allá. La convicción y la fe siempre fueron cosas que me sobraron, así que agarré el bolso y viajé solo a Rosario, a los 15 años. Jugué en la Primera de la Liga Rosarina, en Reserva de AFA y en los preliminares de la Copa Libertadores, pero no pude debutar profesionalmente pese a que entrené mucho con el plantel superior en épocas buenas de Central, con Bóveda, Cabral y Kempes en la delantera, más Aimar, Solari, Poi y otros tantos. Estuve cerca de llegar, pero no se dio. ¿Te dejaron libre en Central? Junto a otros jugadores que no teníamos muchas chances en Rosario Central, nos mandaron a Tucumán y cuando volvimos tanto Griguol como Solari nos dijeron que si no nos gustaba el lugar o si no nos pagaban bien, que no firmemos. Supusimos que entonces nos harían contrato en Central, pero a los diez días nos dejaron libres. Así que no nos quedó otra que volver al Atlético Concepción de la Banda del Río Salí. El técnico era Jim López, el brasileño de San Lorenzo, y después asumió Hugo García, que luego fue a Colón. Y después ya aparece Rafaela... Sí, allá por marzo del '79 llegué a Argentino Quilmes. Si bien yo había venido a probarme a Atlético, recomendado por un representante de boxeadores que había en Ceres que tenía un contacto acá, pero hice tres prácticas y el equipo ya estaba armado, por lo que Carlucci me dijo que les interesaba pero que no había lugar. Entonces me contacté con el Ruso Frenquelli y llegué a Quilmes. Y empezaste a forjar una historia en los clubes de la Liga, ¿por qué tantas idas y vueltas en los clubes? Siempre fui y vine. En Quilmes estuve en el '79, después fui al '9' en el '80 y posteriormente recalé en Atlético, en 1981 y 1982, cuando perdimos aquella definición por la moneda con Renato Cesarini, buscando la clasificación al Nacional de AFA. Volví a Quilmes en 1983 y 1984, pasé otra vez por 9 de Julio en el '85 (cuando Violi nos llevó a José Restelli y a mí), y retorné a Quilmes en el '86. Al otro año fui a Libertad de Sunchales y me despedí en Quilmes, desde el '88 al '90. ¿Fue traumático el retiro? Fue medio forzoso, porque Armando Trucco me informó en un partido con Atlético -que no terminó, porque nos echó más de cinco jugadores- y me dieron 10 fechas de suspensión. Yo ya tenía la decisión tomada de no jugar más, pero reaccioné y me terminó retirando el Tribunal de Penas (risas). Aunque en octubre del '81, cuando se cumplió la sanción, hacía ya un año que no jugaba y el técnico, que era el Corcho Favre, me insistió para que volviera. Pero ya no quise más. ¿Y cómo técnico, cuándo empezaste? Ya en mis últimos años en Quilmes jugaba y dirigía algunas divisiones inferiores, pero me dediqué de lleno desde el '91, con la Reserva. Me contrataron en las inferiores del '9' en el '92 y '93, hasta que volví a Quilmes en 1994 y ahí debuté con la Primera. ¿Cómo seguiste? En 1995 fui a Ben Hur y salimos campeones de aquel torneo que se suspendió. Después Lito Bottaniz me habló para ir a Atlético a dirigir la Liga, pero estuve dos o tres meses: fueron nueve partidos, entre amistosos y oficiales, de los cuales ganamos tres, empatamos tres y perdimos tres... pero me limpiaron. Y al tiempito, al irse el Gato Alessiato de Ben Hur, me volvieron a buscar para el torneo Argentino que ganamos. Ascendimos con un equipo impresionante, con gran personalidad, en el que estaban todos en su mejor momento: Gerold, el Chivo Mansilla, el Chueco Clemenz, Gabriel Veronesse, Gustavo Barraza y Antonio Zorzenón. Clasificamos a aquel Reducido en el que nos descontaron esos seis puntos que bien podrían haber significado el ascenso directo a la B Nacional. Me quedé en el club, dirigí la Liga y una rueda del Argentino 'A', medio año. Y volví a Quilmes, que me recibe siempre y me revaloriza: armamos aquel equipazo de Marcelo López y Diego Trinchieri con el que salimos campeones invictos, empatando un solo partido. Me quedé en el '98, '99 y 2000. Y llegaste otra vez al '9'... Me contrataron para la Liga, pero me quedé para el Argentino 'A' y nos fuimos al descenso. Nos faltó un punto para salvarnos: le ganamos a General Paz Juniors en Córdoba, pero se entregó Luján de Cuyo de Mendoza con Independiente Villa Obrera de San Juan. Los dirigentes quisieron que me quedara en el club y me hice cargo de la Liga, pero inmediatamente llegó Enrique Alfonso y luego Malacho. Fui un tiempo ayudante de campo, pero no sirvo para cumplir esa función. Y estaba muy mal por el hecho de haber descendido, así que volví a Quilmes en 2004. Y al año siguiente retorné a Ben Hur, a dirigir la Liga, cuando era Carlos Trullet el técnico del plantel profesional que ascendió a la B Nacional. Ahí estuve hasta el 2007, volví a Quilmes este año y ya estamos armando todo para el año próximo, porque comenzaremos en enero a jugar el Torneo del Interior. ¿Te 'pegó' el descenso? Sí, te marca, quieras o no. Yo soy realista y sé que al '9' no puedo volver porque llevo esa cruz encima. Es lo que más me dolió en el fútbol, no sólo por mí sino también por el club, que es un grande de la ciudad. Pasemos a Ben Hur en la B Nacional. Agarraste el equipo y metiste decisiones importantes, ¿te potenció o te condicionó el hecho de mandar al banco a los referentes? (Piensa) Creo que me terminó potenciando. Y fue una decisión que nunca dudé, porque así la cosa no podía seguir. Habíamos ido a jugar con Tres Arroyos, ya descendido, y perdimos. Sabía que se iba a armar un lío bárbaro, pero había que cambiar. Se lo dije en el micro de vuelta al profe y a (Néstor) Zenklusen: 'si sigo, cambio medio equipo'. El grupo estaba mal y hasta ese momento había tratado de llevarlo en piloto automático, como para que nadie se enoje. Pero a partir de ese partido tomé cartas en el asunto en base a mis convicciones. Ahí pasé a ser yo. ¿Había mala leche en los jugadores? No creo que en todos, pero sí en uno que no voy a nombrar. ¿Ese jugador manejaba al grupo? Tenía ascendencia sobre un grupito, pero no sobre los de mayor experiencia como el Máquina Giampietri, Juan Sabia, Pipo Desvaux, Emiliano Romay, Fernando Sánchez o el Tano Vella, entre otros. ¿Cuál fue el problema? La primera vez que agarré Ben Hur, cuando se fue Trullet, dirigí dos partidos. Y ya en el primer entrenamiento mío, me llevó la contra cuando quise pasar de marcar zona a hombre, pero no pasó a mayores. Después, cuando volví, a asumir interinamente, intenté defender con línea de cuatro y se me fue del entrenamiento, por lo que tuvimos un entredicho importante. Y cuando se fueron los tucumanos, que me volvieron a dar el equipo, ahí se produjo otro cortocircuito porque lo saqué del equipo. Ahí dijo que te armaba el equipo Zenklusen... Sí. Y aquellos que me conocen un poco, saben que nada está más alejado de la realidad que eso que él supuso. Con ese jugador que vos no mencionás pero yo sí, el Negro Paz, ¿llegaron a las manos? Eso queda en la intimidad del vestuario (risas). En ese nivel de competencia, ¿siempre mantuviste tu convicción? Yo sí, siempre. Pero a la vez sabía que no era fácil para los jugadores, para tipos con trayectoria como ellos, que llegara alguien sin nombre como yo y les cambie el panorama. ¿Alguna vez te arrepentiste de haber seguido dirigiendo tras ganar la Promoción? No, pero también sostengo que tres jugadores más, la cosa hubiese sido distinta: Fernando Sánchez, Adrián Giampietri y Mariano Echagüe. No es que los que se quedaron no servían, pero nos faltaron esos tres. Estoy convencido. ¿Te costó más de la cuenta dirigir en ese nivel? No, porque más allá de lo que pasó con ese jugador, el resto del grupo siempre me apoyó. Después de perder con San Martín de Tucumán en Rafaela les dije en el vestuario que me iba, que renunciaba, y se opusieron terminantemente. Siempre me sentí bien, confiado, al punto tal que tras haber perdido con Almirante Brown 3 a 0 volvíamos en el micro y ya estaba armando el equipo para enfrentar a Chacarita. Pero, a la vez, era consciente que no me iban a dejar llegar al fin de semana siguiente. Y entendí la decisión de los dirigentes, porque trajeron a un tipo más capacitado a 25 partidos del cierre del campeonato. Por último, ¿qué tipo de técnico sos? Un laburante que trata de ser lo más claro y simple posible para llegarle al jugador. Y un tipo impulsivo que intenta tener una muy buena relación con los jugadores. Sobre tropiezos, alegrías y sueños ¿Soñás con una nueva posibilidad en otro nivel de competencia? Sí, es más fuerte que yo, no lo puedo negar. Siempre digo que los futbolistas y los técnicos vivimos permanentemente detrás de una ilusión, por eso el descenso con el '9' fue lo que más me dolió en mi vida deportiva, porque no me permitió seguir en ese nivel. ¿Te sentís capacitado? Yo creo que sí, aunque por algo será que cuando se me presentaron las oportunidades no me fue bien. Claro, pero hay que ver en qué contexto se te dieron esas chances... Y sí, pero nosotros, los técnicos locales, sabemos que las posibilidades nos van a llegar en momentos complicados de los clubes. Entendemos que en la gran mayoría de los casos nos buscan por necesidad, no por convicción en nuestro trabajo, y es ahí cuando nosotros debemos rendir ese gran examen de hacer andar lo que generalmente es un equipo de muy bajo presupuesto y generalmente inexperto para la categoría. Pero cuando tuviste a aquel Ben Hur con los jugadores en su mejor momento, ascendieron. Sí, en esa ocasión, con aquellas herramientas a disposición, no defraudé. ¿Y qué esperás para el futuro? Obviamente no pienso ser Lechuga Alfaro porque no me da el cuero, pero sí me gustaría intentar meterme en la consideración de los torneos Argentino A o B. Siempre digo que los que estamos en este ambiente soñamos permanentemente con la trascendencia. Cuando sos jugador, vivís pensando en que te va a observar algún dirigente importante o un empresario para llevarte a Boca o a River. Y cuando sos entrenador, te pasa más o menos lo mismo.
 
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