Miércoles 24 de mayo de 2017, acceso 02:04 local 
 
 
Pañalera Vagonetas Kids
 
 
 
 | Ver otras noticias de la sección |texto Letra chicaLetra medianaLetra grande
28-12-2009 | 15:27 local

“La etapa más difícil de mi vida fue cuando dejé de ser profesional del fútbol”

Tiene 38 años y está a punto de dejar los cortos. Disfrutando de sus últimas travesuras en Sportivo Norte, repasa su carrera, esa que no fue todo lo buena que pudo haber sido a causa de las lesiones.
 
(Por Paulo Miassi) - Tiene 38 años y está a punto de dejar los cortos. Disfrutando de sus últimas travesuras en Sportivo Norte, repasa su carrera, esa que no fue todo lo buena que pudo haber sido a causa de las lesiones. Pero no se lamenta demasiado. Afirma que muchas veces hizo caso omiso a los consejos. Y que se reconoce “vago” para el sacrificio. Los problemas de adaptación. La deuda de no haber podido jugar en Primera. El cariño por Alfaro. La picardía de Marchetta. Pase y lea la historia de un gambeteador empedernido: Mario Vera. “Marchetta siempre me explicaba cómo tenía que jugar, dónde me tenía que parar, de dónde tenía que arrancar. Pero después yo entraba a la cancha y no hacía nada de lo que me había dicho. Una vez jugábamos a la mañana, televisado, y él nos dio la charla la noche anterior, porque no se quería levantar temprano. En un momento nos estaba hablando, y me ve a mí y me dice ‘andate afuera Mario’. Le pregunté por qué, y me dijo ‘para qué querés escucharme si después hacés lo que querés’. Y me echó nomás”. El que habla es Mario Vera. Su DNI dice que es futbolista, pero es evidente que lo anotaron mal. Porque su vocación es gambetear. Una y otra vez. Curiosamente, en la entrevista responde las preguntas sin rodeos ni calesitas. Nos las esquiva como hacía –y hace- con las patadas. De una transparencia meridiana, tampoco apela a una finta al momento de desandar su carrera, y reconoce sin tapujos que no se protegió todo lo que debía, que no prestó demasiada atención a los consejos que le dieron, que no fue frío cuando la ocasión lo ameritaba, que… Pero a no confundirse. Sus palabras dejan en claro que no se arrepiente del camino transitado. Apenas resopla cuando recuerda sus lesiones, frunce el ceño al expresar su pena por no haber podido jugar en Primera, y aprieta los dientes antes de admitir que sufrió el día que se dio cuenta que ya no era un profesional del fútbol. Por lo demás, barniza cada pensamiento con comentarios risueños, que surgen con la misma velocidad con la que se cansó de desairar marcadores en su Vera natal, o en el Monumental de barrio Alberdi. Mario Vera. Un “vago” que siempre jugó a la pelota para divertirse. Por suerte. Rafaela Fútbol: ¿Cómo estás en este momento de tu carrera? Mario Vera: Estoy bien. Este es un desafío para mí. Iba a dejar de jugar cuando me llamaron de Sportivo. Y la verdad es que quería terminar jugando en un equipo así, con muchos pibes, en un Liga en la que se corre mucho. Ya tengo 38 años, pero sabía que si me ponía bien físicamente, iba a poder estar a la altura de la situación. Y juego para divertirme, lo hice toda mi vida y lo sigo haciendo ahora. RF: Antes de esta vez, ¿cuántas veces se te pasó por la cabeza retirarte? MV: Muchas. Especialmente cuando me lesionaba. Una vez me rompí la rodilla y tenía que operarme. Fui a las 5 de la mañana al Sanatorio Moreno, me limpiaron externamente toda la rodilla, y cuando me dejaron solo en la cama, me cambié y me fui a mi casa. No quería operarme. Pero después me fue a buscar el “profe” Chiarelli –Sergio-, que estaba cargo del plantel de Atlético con Gustavo Alfaro, y me llevó de vuelta. Esa fue la tercera operación que tuve, y fue la primera vez que pensé en dejar todo. Después, más acá en el tiempo, el año pasado pensé en retirarme, cuando estaba en General Paz Juniors y nos debían plata y estábamos mal. Pero en definitiva sigo jugando porque me gusta jugar al fútbol. RF: ¿Le tenés miedo al retiro? MV: No. La etapa difícil para mí fue cuando dejé de ser profesional, cuando dejé de jugar todos los sábados, cuando dejé de integrar un plantel profesional. Empezás a ver por televisión los partidos. Vas a la cancha y te das cuenta que estás jugando a otra cosa, a otro nivel, con otra mentalidad. Dejar de estar a ese nivel te cuesta. Ir bajando de categorías se hace difícil. Pero creo que lo superé bien. RF: Tuviste muchos problemas de lesiones… MV: Mucha gente me ha dicho que por mis condiciones podría haber jugado a un nivel más alto. Pero siempre tuve problemas de lesiones. El hecho de haber llegado a Rafaela con casi 20 años, sin ningún tipo de trabajo físico, con poco nivel de entrenamiento, y encima siendo vago para entrenar, es algo que me terminó pasando factura. Fijate que en Los Andes, cuando ascendimos, Ginarte me quería poner a toda costa, pero siempre me lesionaba. Ese fue el momento en el que más sufrí, porque el técnico me respaldaba pero las lesiones no me dejaban jugar. Nunca me cuidé, y lo terminé sufriendo. Con el tiempo me di cuenta, pero ya era tarde. RF: ¿En esos momentos difíciles, quién te contenía, quién hablaba con vos? MV: Alfaro y Chiarelli fueron de las personas que más me hablaron. Y eso que tuve muchísimos técnicos. En el caso de Alfaro fue compañero y entrenador mío. Y siempre me habló mucho. Por ahí él me decía negro, y yo a la mitad de la cuadra hacía blanco. Pero los dos me hablaron mucho. Además manejaban un plantel de 30 jugadores, y trataban a todos por igual, sean figuras o juveniles. Por algo están donde están. RF: ¿Por qué crees que tuviste tantas lesiones? MV: Y, yo no hacía pretemporada. Me hacía el lesionado, o la hacía más liviana. También incidió el hecho de que a los 18 años yo no había hecho divisiones inferiores. Si los jueves se hacía fútbol, yo iba sólo ese día. Lo mío era natural, pura repentización. Tenía muchos problemas musculares, me lesionaba mucho porque no tenía buena alimentación, porque comía mal, porque no iba al gimnasio. RF: Si tuvieras la oportunidad de retroceder al momento en que tenías 17 años, ¿cambiarías todo eso que hiciste mal? MV: Quizás cambiaría, pero no tanto –risas-. Igual, de lo único que me arrepiento es de haberme vuelto de Venezuela para jugar en General Paz Juniors. RF: ¿Por qué te volviste? MV: Porque no me hallaba. Estaba solo, mi señora se había quedado acá con los chicos, que en esa época cambiaban a cada rato de escuela. Aguanté un tiempo, hasta que agarré el bolso y pegué la vuelta. Dacorso, el que me había llevado, no debe haberse puesto muy contento que digamos –risas-. RF: ¿Sufriste el hecho de estar en otro país? MV: No. No me acostumbraba. Igual en el año 2000 Venezuela no era lo que es ahora en lo futbolístico. Yo pisaba la pelota y ellos pasaban de largo como locos. Y a la vuelta de ahí estuve jugando en Bolivia. Me quedé dos días. En Potosí nos cambiábamos debajo de los árboles, y eso que era Primera División. RF: ¿Cuál fue tu gran deuda pendiente en el fútbol? MV: Jugar en Primera. Yo veía a los equipos de Primera, cuando jugábamos contra ellos en pretemporada, y me daba cuenta que a mí la categoría me favorecía, porque había más espacios y yo era rápido. Tampoco tuve suerte, porque estando en Los Andes, el equipo asciende a Primera y el técnico me quería. Pero yo pensé que no iba a jugar, encima estaba peleado con el dueño de mi pase, y me fui. Quizás si hubiera sido un poco menos orgulloso. Pero viste cómo somos los negros –risas-. RF: Da la sensación de que antes era más difícil llegar a Primera que ahora. MV: Quizás si. Ahora hay más posibilidades. Antes no te televisaban nunca. Por ahí nos preparábamos como locos para que nos televisen, y en la semana me lesionaba, como me pasó varias veces. Tal vez no tuve toda la suerte que se necesita, aunque yo no la busqué mucho. RF: ¿Para qué te alcanzó el fútbol? ¿Supiste cuidar lo que tenías? MV: No, no lo supe cuidar. Pero formé una familia, conocí mucha gente y muchos lugares. Tengo amigos en todas partes. RF: ¿Al futbolista le cuesta mucho pensar a futuro? MV: Yo salí de una familia humilde, pero por ahí no tuve los consejos necesarios, esos que ahora le trato de dar a mi hijo. Entonces vivía el momento. Quizás no tuve la formación necesaria como para valorar las cosas. La carrera del futbolista es corta y si no la aprovechás lo terminás pagando. RF: ¿Qué pensás hacer cuando te retires? MV: Quiero hacer el curso de técnico. Me gustaría dirigir a los chicos. Ahora veo que se los exige mucho, que se los hace correr y no jugar, que se los obliga a ganar desde muy pibes. No me gustaría dirigir a los grandes, porque no sé si tengo ese carisma como para dirigir a un plantel superior. No es fácil. No se trata de decidir si jugás con 3 o con 4 en el fondo. Hay que saber manejar un grupo, tener personalidad para poner y sacar jugadores. Difícil moverlo del pago chico Al principio, la empresa de sacar a Mario de su pueblo natal fue complicada. Muchos quisieron llevárselo, pero el muchacho terminó “clavando” a varios. Sólo algunas urgencias lo forzaron a dejar la comodidad de Vera. Rafaela fue su primer destino. El grato recuerdo de Atlético y la triste polémica de Ben Hur. En el medio, muchos clubes, con reparto de alegrías y sinsabores. RF: ¿Qué recordás de tu infancia en Vera? MV: Fue muy buena. Típica de un pueblo, muy tranquila, muy linda. Hasta que me casé –risas-. RF: ¿Son muchos de familia? MV: Seis, cuatro varones y dos nenas. Soy el más grande. Cuando me vine a jugar acá traje a un hermano más chico. Jugaba bien, pero no le gustaba y se volvió. A mí también me costaba muchísimo. RF: ¿Por qué te costaba tanto? MV: No me podía adaptar. Pensaba que esto no era para mí. Estuve dos meses y medio en Newell´s, hasta que un día dije “ya vengo”. Todavía me están esperando –risas-. RF: ¿Y por qué te pudiste quedar en Rafaela? MV: Es que también me estaba por ir de acá. Cuando vine mi señora estaba embarazada. Estuve a prueba jugando en la Liga un par de partidos, y entonces me dijeron que me iban a comprar el pase. Ahí nomás les dije que me tenían que traer a mi mujer. Cumplieron y, con alguien al lado, empecé a pensar en serio en dedicarme a ser jugador de fútbol. Porque yo quería ser jugador de fútbol pero no quería sufrir. RF: ¿Cómo llegaste? ¿Quién te trajo? MV: Estaba jugando un regional para Huracán de Vera, y enfrentamos a Atlético, que lo tenía a Bongiovanni de técnico. Jugué bien acá y a la vuelta en Vera, y Jorge hizo los contactos para traerme. Al principio no acepté, tenía 18 años y no quería saber nada con irme de mi pueblo. Pero al año siguiente volví a jugar en Rafaela, contra el “9”, y me volvieron a llamar. Me fue a buscar “Cacho” Schanz. Yo enseguida le dije que no le iban a dar mi pase, porque habían ido clubes importantes, como Colón y Newell´s. Pero me dijo que me preparara, que a las 5 de la mañana me pasaba a buscar. Y así fue. RF: Fueron muchos años en Atlético. MV: Estuve del 91 al 97, después pasé a Los Andes, de ahí a Atlético Tucumán, que tenía un equipazo, volví a Los Andes, donde salimos campeones y ascendimos a Primera. Después me fui a jugar unos meses a Venezuela, al Italchacao, pero me vuelvo para jugar a General Paz Juniors. Ese fue el error más grande. Volverme de Venezuela e irme a General Paz, que era un desastre. Ahí descendimos. Después me vine a jugar a Ben Hur, en el Argentino A. Y después jugué en muchos equipos, en Santiago del Estero, en La Pampa, en Las Parejas, en Argentino A, en Argentino B. RF: El cierre en Ben Hur fue complicado. Aquel partido en Rosario… MV: Íbamos a jugar contra Tiro Federal, y el técnico era Daniel Veronese, que quería que juegue. Pero un día haciendo fútbol me lesiono. Pasaron un par de partidos y llegó Tiro Federal. Yo no quería jugar, para estar bien para el siguiente partido. Pero Azoge se bajó del banco y fui yo. Entré a los 5 del segundo tiempo, y a los 6 me echaron. Lo insulté al juez de línea, porque nos estaban matando con los fallos. Él levantó la bandera y el árbitro me echó. Ahí es cuando dijeron que lo había hecho a propósito, porque había jugado en Atlético mucho tiempo. Pero fueron boludeces –sic-, no fue para nada así. Lo curioso es que me dieron una fecha, a pesar de que le dije de todo a los dos, los escupí y los empujé. Después algunos dirigientes quisieron rescindirme el contrato, pero Veronese se opuso y jugué varios partidos más. Quizás si no hubiera pasado eso hubiera jugado varios años en Ben Hur. RF: ¿Cuál fue la mejor época de tu carrera? MV: La de Atlético fue muy buena. La primera de Los Andes también. La segunda ya no, porque me compraron unos empresarios de Buenos Aires que no sé que querían hacer conmigo. Tuvieron dos buenas oportunidades para venderme, una a Concepción de la primera de Chile, por muy buena plata. Me decían que me iban a vender por más plata, y yo les decía que me vendan ahí, que no me iban a vender nunca más –risas-. Al final no me vendieron, así que me enojé y me fui a mi casa. Empecé una semana más tarde la pretemporada, pero volví. Después pudieron venderme a Suiza, pero tampoco lo hicieron. Ahí desaparecí como un mes. Cuando volví estaba gordo como el “Tati” Saavedra –risas-. RF: En el último tiempo te tocó jugar en la zona y en la Liga local. ¿Notaste un trato diferente de parte de los árbitros, de los rivales? MV: Si. Siempre me han tratado bien, con respeto. Por ahí me cobran foules que no son –risas-. Anecdotario Con 20 años de carrera en sus espaldas, las historias se amontonan en la mente de Mario, quien va largándolas una a una con la misma rapidez y picardía con que elude muñecos en las canchas. RF: Decías que en las canchas de la zona te tratan bien. Todo lo contrario de lo que te pasó con los defensores a lo largo de tu carrera. MV: Me lesioné dos veces por patadas de los rivales. Me acuerdo que cuando jugábamos contra Morón, Nardoza me cagaba –sic- a patadas. Había un zaguero de Atlético Tucumán que era terrible. Lo mismo Maidana, que ahora está en Talleres. Lo que pasa es que yo por ahí gambeteaba a uno, y volvía para gambetearlo otra vez. Cuando llegué a Rafaela, Bongiovanni me dijo que tenía que tocar rápido. Pero yo agarraba la pelota y no se la daba a nadie –risas-. Los rivales pensaban que los sobraba, pero era mi forma de jugar. En un amistoso con Colón, que jugaba en Primera, yo lo empecé a gambetear a Unali. Le amagaba y le amagaba. Hasta que se calentó y me pegó una piña sin pelota. Ahí nomás se armó un quilombo de piñas. RF: ¿Te acordás de una cancha difícil? MV: Tucumán y Salta siempre fueron difíciles. No ganabas nunca y encima te cagaban a puñetes. En Morón también. El día que le ganamos 7 a 1 allá, entramos al vestuario y la barra brava de ellos hacía cola para pegarnos. Ahora es más fácil, cualquiera gana en cualquier cancha. RF: ¿Cuáles fueron el peor y el mejor dirigente con el que te tocó negociar? MV: El peor fue el “Turco” Zamar, de General Paz Juniors. Me mintió en muchas cosas. Y los mejores quizás hayan sido “el viejo” Carlucci y Carlitos Eguiazu. Carlucci era derecho, conmigo se portó muy bien. Igual que Eguiazu. RF: ¿Y los técnicos? MV: Alfaro, Ginarte y Zucharelli. Son distintos, pero aprendí mucho de todos. También Marchetta, era muy motivador, aunque era muy bohemio. Desdramatizaba todo. RF: ¿Cuál fue la mejor frase que te dijo Marchetta? MV: Una vez, estando en Los Andes, jugábamos un clásico de local contra Banfield, que tenía un equipazo. Marchetta ya había dado la charla técnica. Estábamos todos nerviosos, y en el túnel antes de salir a la cancha, “Cacho” Córdoba le pregunta a Marchetta “¿cómo tomamos las marcas en los córners?”. “Los más grandes con los más grandes, los más chicos con los más chicos”, nos dijo. Un fenómeno. Mario Vera larga la última carcajada de la nota, saluda y se va, con la misma rapidez con la que desairó miles de rivales en cientos de canchas. Y es que está en sus genes: no puede dejar de gambetear.
 
Más información:
No hay enlace relacionado
 
 
 
 
AGENDA
Primera División
La Crema y sus obligaciones
En el 2016 tendrá que sumar muchos puntos
 
Primera B Nacional
 
Argentino A
Piensa en lo que viene
Torneo Federal A - Libertad de Sunchales
Volver a empezar
Torneo Federal A - Unión de Sunchales
 
Argentino B
Hasta el 2016
Torneo Federal B - 9 de Julio y Ben Hur
 
Liga Rafaelina
Punto final
Se terminó la temporada liguista
Villa San José Agro
Henzenn Servicio Técnico
Corralón Pellegrini
Paso del Tigre
Hotel Atlantic
El Pato Publicaciones
Wilson Hotel
Miradir