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28-12-2009 | 15:36 local

Sumar años no resta pasión

Es un símbolo de Sportivo, pero la pasó mal en el club de sus amores. Aunque eso no lo hizo claudicar y hasta sueña con ser presidente de la entidad...
 
 
(Por Fernando Laurenti) - Es un símbolo de Sportivo, pero la pasó mal en el club de sus amores. Aunque eso no lo hizo claudicar y hasta sueña con ser presidente de la entidad que lo vio nacer como futbolista y que luego le dio la primera oportunidad de convertirse en entrenador. Con la convicción que le otorga la experiencia, expone su punto de vista acerca del fútbol liguista y explica sus ideas. Eduardo Carlos Isaurralde, simplemente El Pachi.








Con Sportivo como eje








Hizo las inferiores en Sportivo, pero paradójicamente no debutó en Primera bajo la conducción de Domingo Gallardo. Fue Pepe Garessi el que le dio la chance de saltar a cancha ante Atlético, como local, en lugar del Corcho Favre. ese día fue wing izquierdo, pero luego volvió rápidamente a su función de mediocampista por derecha. Circunstancialmente jugó por izquierda y hasta como enganche, pero recaló en la posición de volante central con el retiro del Pola Sequeira.


'El fútbol me encantaba, pero me costaba entrar en el grupo de los más grandes porque era reacio a sumarme a los asados, a las reuniones, porque no me bancaba que me manden de acá para allá. Siempre fui medio rebelde e indisciplinado. No me gustaban los entrenamientos y, además, como mi viejo quería que estudie, la escuela Técnica me quitaba gran parte del tiempo', recuerda, a la distancia, aquellos comienzos.


¿Lo más lindo en el fútbol lo viviste en Sportivo?


Sin dudas. Aquellos viejos Regionales no se borrarán más. Jugábamos como local con 6.000 personas alentándonos. Enfrentamos a Belgrano en Córdoba, ante 25 mil hinchas, fue increíble. Esa década del '80 del fútbol liguista, y de Sportivo en particular, será imborrable.


¿Aquellos equipos fueron los mejores que integraste?


Claro. Fue incomparable jugar con aquel plantel del '83, con el Loco Beltramo, el Cabezón Vignatti, el Gordo González, el Cabezón Marchi, Javier Berzero, Balbín, el Pola Sequeira, el Colorado Vitarelli, el Cabezón Ruata y el Toro Valiente, entre otros. Más allá de que después tuve la suerte de compartir otros grupos de enorme calidad, aquel equipo era incomparable.


¿Por qué se detacaban?


Porque teníamos una gran capacidad de absorción de situaciones. Esto es: cuando todo estaba cuesta arriba y había que meter, todos lo hacíamos. Y cuando el partido pedía juego, también estábamos en condiciones de aportarlo con un plantel en el que la gran mayoría éramos del club.


¿Por qué te fuiste?


Consideraba que mi ciclo en Sportivo estaba terminado y quería probar algo distinto. Tenía casi todo arreglado con Peñarol, porque me había llamado Federico Sacchi, e inclusive jugué un amistoso con Huracán por el pase de Miliki. Pero no se dio, por determinadas circunstancias, y apareció Ben Hur con Reynaldo Volken. Me fui bien del club, siendo capitán, a pesar que había un grupo de pibes jóvenes que no tenían respeto por la trayectoria.


¿Te faltaron el respeto?


Los chicos querían ocupar un lugar que todavía no les correspondía. Siempre les digo a mis hijos que lo más importante en el fútbol es tener memoria, respeto y ubicuidad, no olvidarte jamás de dónde venís. Son preceptos fundamentales.


¿Ahí se empieza a resquebrajar tu vínculo con la gente?


Es que estos pibes tomaron algo de recelo conmigo y trataron de vengarse mal, diciendo que me iba de Sportivo porque no había aceptado jugar gratis. Todo verso. Pero eso determinó que cuando tuve que enfrentar a 'mi' equipo con la casaca de Ben Hur, en barrio Ilolay, me insultaran muchísimo.


¿Te dolió?


En el alma, pero no reaccioné. Y cuando jugamos en Sportivo, otra vez la misma historia, aunque en esa ocasión me quedó un rebote e hice el gol. Me desahogué gritándolo con toda la furia que tenía contenida, me besé la camiseta por el dolor que tenía hacia ese grupo de gente y tuve que aguantarme lo que se vino después.


¿Y pese a todo aceptaste volver al club como técnico?


Es que un puñado de hinchas no iba a prevalecer sobre lo que significaba para mí dirigir a Sportivo. Sabía lo que se me venía y me preparé. Tuve un apoyo enorme de Cacho Stracqualursi, que me contrató y me bancó. Me costó, mucho, pero me concentré en el trabajo respetando a los que me respetaban y enfrentando a los otros.


¿Enfrentando quiere decir peleándote?


Seguro. Muchas veces me agarré a trompadas.


¿Y hoy?


Tengo claro que no soy de los preferidos de la hinchada, pero siento que me respetan más. Y si tengo que quedarme toda la vida en Sportivo, lo haría. Inclusive quiero ser presidente del club algún día.


¿En serio lo decís?


Totalmente. Quiero que el club tenga otras pretensiones deportivas y lucharía por eso. Yo entiendo perfectamente que los dirigentes actuales tienen que priorizar otras cosas, como el aspecto social y de la contención que tiene Sportivo, pero yo sueño con volver a los primeros planos como en los '80.


¿Vas a seguir siendo el DT?


No sé. Hay un cierto desgaste después de cinco años seguidos, pero no sé qué es lo que pasará. Va a haber un cambio de autoridades y los nuevos dirigentes resolverán.


¿Aceptarías afrontar otro año de transición?


Hay que formar un equipo sólido porque arrancaremos muy abajo en el tema del promedio. En inferiores hay algo de buen material en Séptima, pero son muy pibes y, aparte, la economía del club hizo que los dos que se destacan ya fueran vendidos. Yo sé que no hay mucho para elegir, pero habrá que reforzarse. Es cada vez más difícil, porque los chicos que andan bien ya están en otro nivel de competencia y porque los jugadores experimentados se van a jugar a la zona, adonde ganan más que en Sportivo y tienen muchas menos exigencias deportivas y de entrenamiento.


¿Te sirvió el Sub 21 como para ver a los pibes?


El Sub 21 no le sirve ni a los entrenadores ni a los jugadores. Los chicos no tienen motivación: quieren enfrentar a los grandes, no a los mismos pibes con los cuales se vieron las caras todo el año, porque jugaron los sábados en inferiores y los domingos en Reserva. A la gente tampoco la atrapa esta competencia. Inclusive ni al periodismo le interesa: fijate que la cobertura de ustedes cambia rotundamente del torneo mayor al Sub 21.


¿Qué le cambiarías?


Volvería al Absoluto, como estaba antes. En junio hay pibes de 21, 22 o 23 años que quedan libres de Atlético, de Ben Hur o del '9' y no tienen competencia. Entonces, dejan de jugar cuando en teoría recién están comenzando la carrera, tienen un montón para dar en la Liga. Esos chicos no pueden jugar el Sub 21 por un tema lógico de edad, por lo que en ese período de inactividad empiezan a salir y a hacer cosas que antes no hicieron debido a que se tenían que cuidar porque soñaban con llegar al profesionalismo. Y cuando le agarraron el gustito a los amigos y a otras cositas, ya no les interesa volver a jugar en marzo del año siguiente. El tema es sencillo: ¿cuántos jugadores categorías '84 o '85 encontrás en los planteles liguistas? Es un detalle esclarecedor, que me da la razón en lo que digo que el Sub 21 no sirve.


¿Te sorprende la notoria superioridad de Ben Hur y de Atlético en inferiores?


No, el que conoce del tema sabe que ésto cada vez se va a ir incrementando porque ellos tienen calidad y cantidad mientras la mayoría de los otros clubes no tiene gran cantidad y muy poca calidad. Y cuando a nosotros nos surge algún pibe que 'pinta' bien, te lo manotean. Inclusive sin hablar con el club, porque lo convencen al padre y listo.


¿Tenés sueños como entrenador?


Mi primera ambición fue ser técnico de Sportivo y la pude cumplir. La otra gran satisfacción fue salir campeón. Además, otro gusto que me di fue ver a mis hijos jugando para Sportivo, bajo mi conducción. Y los sueños de trascendencia siempre están, todos los tienen. Yo particularmente aspiro a seguir creciendo en esta profesión porque entiendo que no sólo yo, sino todos los técnicos de la Liga, están en condiciones de dirigir hasta un Argentino A inclusive. Ya para la B Nacional es otra cosa, es otra preparación y otra trayectoria, pero hasta el Argentino pienso que se puede llegar.


¿Dirigirías a Quilmes alguna vez?


No. Me lo ofrecieron, pero lo descarté. Se trata de una cuestión de respeto hacia la gente de Sportivo, pero no por lo que dirán los hinchas sino porque lo siento de esa manera: yo no puedo negar que me alegré muchísimo cuando a Quilmes esta temporada se le escapó el título.








Pachi Isaurralde, ciento por ciento sportivense a pesar de los que alguna vez osaron dudar de ello. El mismo Pachi que, de pibe, tenía como único sueño jugar en la Primera de Sportivo. El Pachi, que siendo chico iba a las 11 de la mañana al club y le pedía las pelotas al canchero con el objetivo de estar cerca de los jugadores, alcanzándoles esos balones. Pero como sólo dos podían entrar al terreno de juego a cumplir con esa función en los entrenamientos y a veces los chicos llegaban al medio centenar debatiéndose por ese par de lugares, hubo muchas ocasiones en las que debió conformarse con arrimarse a la hendija de la puerta del viejo vestuario y espiar a los jugadores. Eso bastaba. Ni hablar de cuando pudo llegar a ¡sentarse al lado de su ídolo!: Arnaldo Ramírez se instaló en el banco y probablemente nunca supo que ese pibe que lo miraba anonadado le copiaría hasta la forma de ponerse las vendas mojadas con el objeto que, cuando posteriormente se secaran, tomaran una mayor consistencia. La misma firmeza y resistencia del sentimiento del Pachi hacia su amado Sportivo.











Para el Libro Guinness











'César Laraignee era el técnico de aquel 9 de Julio que me contrató para jugar el Torneo del Interior. Y fue una de las mejores cosas que me pasaron. Disputamos la primera Copa Sólo Fútbol con Atlético, Unión de Santa Fe y Quilmes Athletic Club. Me acuerdo que era un torneo de verano televisado en directo a Santa Fe y debuté como titular frente a Quilmes: el entrenador, en la charla técnica, me dijo 'Pachi, lo vas a seguir al Tortuga Gómez, ¿sabés quién es, no?'. ¡Y yo no tenía la más mínima idea! 'César, yo conozco al Toro Valiente, al Cabezón Ruata, pero igualmente dígame qué número usa el Gómez éste y lo sigo', le contesté. Fue todo bien, empatamos. Y al partido siguiente, ante Unión, fui al banco. En el segundo tiempo Laraignee me llamó para que ingresara por Godano. El DT me había hablado en la merienda, me había dicho que bajara los decibeles, que tratara de que no me traicione el temperamento, que le diera prioridad a mis condiciones técnicas. 'Quédese tranquilo, César', le había dicho. En la teoría todo bien, pero en la práctica... Entré cuando la pelota se fue a un lateral, pero antes de que lo hicieran, ni bien pisé el campo, Yáñez, el 5 de Unión, me empezó a buscar. Y me tiró un manotazo, por lo que me defendí y lo emboqué. Me echaron sin tocar el balón. Estuve diez segundos en cancha. Laraignee me quería matar', rememora el Pachi, entre tantas anécdotas. Como para ser incluido en el Libro Guinness de los récords.


Aquella llegada al '9' se dio por pedido de Laraignee, que lo había visto en la Liga. 'Ser parte de ese equipo fue un aprendizaje enorme, porque era un plantel profesional. El único que trabajaba y jugaba, paralelamente, era yo. Estaban Quiñones, Pautasso, Baravane, el Bicho Godano, Walter Gómez, impresionantes jugadores, y además había un profe, Guillermo Pérez Ugido, que era un monstruo, nunca vi nada igual', recuerda.











Sus hijos, bajo la lupa








'Leandro tiene muchísima calidad, con lo que disimula alguna carencia con relación a la personalidad. Es muy hábil y rápido. Y Eduardo, por el contrario, tiene temperamento, un gran amor propio. No baja los brazos, muestra constancia, es sacrificado. Sufro con los dos por igual. Con Leandro, como padre-entrenador, no podía creer lo que le pegaban y me dolía a mí más que a él. Y con Eduardo, porque es muy vehemente, un kamikaze, pero todavía es pibe y ya se va a dar cuenta que no siempre hay que jugar de esa manera. Además, hoy es profesional, así que se tiene que cuidar más que antes. ¿Si me dolió que no tuviera tantas chances? Me sentí muy feliz cuando debutó en la B Nacional, pero después me afligió cuando las oportunidades que le dieron no fueron las que él merecía. Tuve que vivir la situación de dos maneras distintas, como padre y como hombre de fútbol. Reaccioné una sola vez, pero cuando él todavía jugaba en la Liga. Me indignó lo que le hizo (Carlos) Miori. Eduardo venía de una lesión y se presentó para estar en Reserva, pero este señor le dijo que no se cambiara, que lo iba a utilizar en Primera. Y después lo dejó afuera de la planilla. Eso no se hace. El pibe tenía 16 años y se bajoneó mucho. Fui al club y ahí sí procedí como un padre que ve cómo su hijo es víctima de una injusticia. Pero siempre trato de actuar como técnico y en ese aspecto conozco perfectamente esas cosas que tiene el fútbol'.
 
 
 
 
 
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