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28-12-2009 | 15:45 local

Atado a un sentimiento

Fue verdulero y repartidor de mercadería, pero principalmente fue un jugador de fútbol distinto al resto. Dueño de una notable pegada y de un gran talento, brilló en Ben Hur...
 
 
(Por Fernando Laurenti) - Fue verdulero y repartidor de mercadería, pero principalmente fue un jugador de fútbol distinto al resto. Dueño de una notable pegada y de un gran talento, brilló en Ben Hur y no escaló en el fútbol porque cuando tuvo un par de oportunidades para trascender, no hubo acuerdo con el club. Como técnico empezó en la Escuelita, pasó por inferiores, fue entrenador de la Primera liguista, ayudante de campo en el profesionalismo y DT de Unión de Sunchales en el Argentino 'A'. Ahora, mientras espera una nueva oportunidad, sigue ligado al fútbol como descubridor de talentos. Un Gustavo Barraza auténtico.







Cuando el fútbol se encamina a ser una ecuación cuasi científica en lo concerniente a la prestación física de los jugadores, gana adeptos la creencia que quien más corre cuenta con mayores chances de cumplir un óptimo desempeño. Los reclutadores de divisiones inferiores recorren el país y el mundo buscando elementos concretos en la conformación innata de quienes tienen el designio de jugar a la pelota de manera profesional. Así, los marcadores centrales deben medir no menos de 1,90, los mediocampistas están obligados a parecerse al jamaiquino Usain Bolt y los centrodelanteros tienen que tener la capacidad de salto de un jugador de la NBA.

Pero aunque hoy esté metido en esa actividad de búsqueda de talentos, y pese a que sepa que hay algunos parámetros a tener en cuenta en la detección de posibles futuros futbolistas, Gustavo Barraza sabe que no todo es tan cientificista cuando de fútbol se trata. Lo conoce por su propio pasado y lo tiene claro porque no hace falta tener mucha memoria como para recordar a un tal Diego Armando Maradona, por ejemplo, a quien la diosa naturaleza no le otorgó precisamente un cuerpo estilizado. Y detrás del más grande de todos los tiempos se encolumnan algunos ilustres como Ronaldo, uno de los mejores definidores de la historia y Balón de Oro de la FIFA; el mítico húngaro Ferenc Puskas; el sueco Thomas Brolin; el italiano Antonio Cassano; el paraguayo Salvador Cabañas; el colombiano Iván René Valenciano; el británico Paul Gascoigne; el brasileño Romario; nuestro Turu Flores y el inglés Matthew Le Tissier, entre otros, sin contar al paraguayo José Luis Chilavert por no tratarse de un jugador de campo.

'Fui un jugador con tendencia a engordar, aunque eso sucedió a partir de los 21 o 22 años. Antes, nunca me había pasado. Siempre fui un pibe flaco, pero a partir de esa edad mi organismo cambió. Me mantenía más o menos en peso cuando estaba en actividad y en los recesos engordaba cinco o seis kilos. Después no tenía problemas en bajarlos rápidamente en la pretemporada, pero siempre 'pagaba' la inactividad', explica El Negro, que añade que 'en una oportunidad, no recuerdo exactamente quién era el entrenador que estaba en el club, intentaron hacerme bajar más kilos. Lo pude hacer, pero después no me sentía bien en la cancha. Yo jugaba siempre con 78 u 80 kilos y esa vez, cuando convenimos bajar a 72, no rendí. No anduve, así que tuve que volver'. Y hace un mea culpa, con algo de vergüenza y un poco de arrepentimiento: 'Me cuidaba, pero no de la manera que había que hacerlo. Por ahí le metía algún descalabro...'

Hoy está 'algo' arriba de aquellos 80 kilos, pero no obstante le sigue dando a la redonda. Radicado en Sunchales, todos los martes hace Fútbol 5 con un grupo de amigos. Y desde el sábado pasado es parte de Espiga de Oro, un equipo que participa en el torneo amateur que se disputa en el Campo de Deportes del Colegio San José. 'Se juegan dos tiempos de 40 minutos y, así como estoy, me la aguanté. Obvio que lo mío no es un gran despliegue, pero empatamos 1 a 1 en mi debut y yo hice el gol'. 'Estoy casi intacto', agrega, carcajada mediante.

Cuando el sobrepeso no era todavía un tema central en la vida, el Negro recuerda haber penado con la escuela. Se autocalifica 'un desastre' como alumno y dice que largó los libros (aunque en realidad, por lo que cuenta, pocas veces los agarró) en segundo año de la secundaria porque el fútbol ya empezaba a reclamarle mayor atención y porque la vida lo golpeó duro con el fallecimiento de su padrastro, al que Gustavo siempre consideró su padre. En ese entonces, con sus hermanos muy chicos, tuvo que pegarle una mano a la manutención del hogar a través de la verdulería familiar. 'Y después trabajé con Carlitos Trossero en el reparto de golosinas y masitas: andaba en la camioneta todo el tiempo, tomando pedidos y repartiendo mercadería. Hasta algunas veces también atendí un mercadito' recuerda ahora el hombre que forma parte del ridículo 6,1 % de desocupación que, según el controvertido Indec, tiene actualmente la provincia de Santa Fe. Pero en realidad correspondería ubicarlo dentro del 6 % de subocupados o del 4,3 % de subocupación demandante porque su 'descanso obligado' se ve mitigado por el vínculo que lo une a Jorge Cyterszpiller, aquel que en 1977 fue el primer representante de Diego Armando Maradona.





Talento argentino





No debe haber muchos que sepan que no comenzaste en Ben Hur...

Yo arranqué en Ferro porque tenía a un amigo que jugaba ahí y, como yo lo iba a buscar, Juan Belletti, que era el DT, me invitó. Hasta ese momento lo mío era el campito, pero probé, me gustó y empecé.

¿Cuánto estuviste?

Un año más o menos, porque después Belletti se fue a Ben Hur y me llevó con él. Ahí me ficharon y arrancó mi historia en el club.

O sea que Belletti 'te adoptó' futbolísticamente...

Sí, inclusive él posteriormente se fue a Sportivo y me quiso llevar. Entrené, pero ya tenía el pase registrado en Ben Hur y no me dejaron ir, tuve que volver.

¿Cómo te fue en inferiores?

Bien, no me puedo quejar. Siempre me destaqué: jugaba en mi división y en la siguiente, con los más grandes. Y nunca jugué en Reserva, porque de Quinta directamente me pasaron a Primera.

¿Y a nivel equipo, cómo anduvieron?

Éramos bastante pobres (risas). No nos fue bien: nunca pudimos salir campeones. Aunque tampoco éramos un desastre, porque siempre terminábamos entre los primeros. Alguna vez fuimos subcampeones, pero jamás una vuelta olímpica...

¿Tuviste posibilidades de probar suerte a otro nivel?

En un momento surgió algo de Lanús, en aquella época en la que fue Gabriel Schurrer junto a un grupito de jugadores de distintos clubes. Pero Ben Hur no me dejó ir.

¿Cuándo debutaste en la Primera de la Liga?

A los 16 años. Estaba el Negro Gallardo como entrenador y ya me había llevado al banco varias veces, hasta que empecé a lograr cierta continuidad. Era un equipo con experiencia, en el cual estaban el Cabezón Ruatta, el Toro Valiente, Chiquito Chiavassa y Dunky, pero era un caradura y, cuando entraba, me animaba a agarrar la pelota para patear los tiros libres.

¿Siempre como enganche o media punta?

Sí, siempre, aunque en algunos casos me retrasaban un poco a jugar como un 5 adelantado. A excepción de un año en el que Carlos Veronesse me mandó a jugar de marcador lateral, aunque era un 3 'mentiroso' porque el técnico me pedía que fuera permanentemente al ataque. Arrancaba de atrás, pero terminaba como un 11 y hasta inclusive llegaba al gol.

¿Sos hincha de Ben Hur?

Viví toda una vida allí y se siente algo muy especial. Además, a mí me tocó vivir la buena etapa institucional y deportiva, porque debuté a comienzos de los '90 y ya en 1992 salimos campeones después de 25 años. Y posteriormente ganábamos algo casi todos los años. No sé cuántos títulos gané en la Liga, pero deben ser muchos. Ganamos una Copa de Campeones de la Provincia y después llegó el ascenso al Argentino 'A', en la temporada 1996/97.

¿Qué hubo además de la BH?

En el '95, yo estaba jugando la Liga y en aquella oportunidad la temporada duró muy poco porque se suspendió a mitad de año. Fue justo cuando arrancó el Argentino 'A', me llamó la gente de Ferro de Concordia y estuve un par de meses entrenando pero al final no se pudo dar por problemas con el préstamo.

Y luego Unión...

Llegué a fines de 2001, con José Restelli como entrenador. No se nos dio esta temporada, ascendieron al año siguiente.

¿Y después?

Volví a Ben Hur en el 2002, pero como ya había empezado el Argentino no me inscribieron y tuve que jugar en la Liga. Pero evidentemente ya no me querían más, así que al año siguiente me fui a jugar a San Martín de las Escobas, a la Liga Departamental San Martín. En Ben Hur el cuerpo técnico y los dirigentes de aquel momento me hicieron saber que ya no me iban a tener más en cuenta, así que busqué otras alternativas. Estuve a punto de ir a Argentino Quilmes, que jugaba el Torneo del Interior, pero Ben Hur no quiso. Apareció también una chance de Unión de Sunchales, pero Ben Hur no quiso. Así que no me quedó otra opción que irme a San Martín de las Escobas.

Y ahí llegó el retiro...

Sí, jugué un año y colgué los botines. Iba dos veces por semana y económicamente era bueno, pero justo me mudé a Sunchales, ya me quedaba un poco más lejos ir a entrenar o a jugar y me cansé.

¿Qué te quedó de la relación con Ben Hur? ¿Lo negativo del final alcanza para opacar todo lo positivo anterior?

Los malos momentos tuvieron que ver con la posición inflexible del club a brindarme una posibilidad de probar suerte en otro nivel de competencia. Cuando no se hacía un pase, la relación con los dirigentes se tensaba. Siempre el jugador quiere más y las posibilidades aparecieron, pero nunca se pudieron dar por distintas circunstancias.

¿Pensabas que era una decisión tomada contra vos o que se trataba de una política del club?

En principio lo tomaba como algo personal, pero si analizás lo que históricamente hizo Ben Hur con sus jugadores, está claro que es una decisión institucional que, para mí, es totalmente desacertada. Creo que nunca entendieron que primero hay que abrir puertas para después intentar sacar réditos. No te podés salvar con una sola venta, eso es muy complicado en el fútbol.

¿Te desilusionaste mucho?

Ante cada negativa, me bajoneaba. No es que haya tenido miles de posibilidades, pero algunas hubo y nunca me permitieron sacarme las ganas de probarme yo mismo si estaba en condiciones de jugar en otro nivel.

¿No te fuiste de la BH de la manera que hubieras pretendido?

Mi salida no fue como la soñé. Yo quería despedirme de otra manera de un club al que le di mucho y que, obviamente, también se dio igual a la recíproca.

¿De qué te lamentás? ¿Qué sueño te faltó cumplir como futbolista?

Lo de la trascendencia que ya hablamos, el hecho de poder probar suerte en otro nivel. Después, si a mí no me daba por cuestiones físicas o técnicas, ya era cuestión mía, pero al menos me hubieran dado la posibilidad de intentarlo. Y lo otro tiene que ver con jugar en otros clubes locales en los cuales siempre tuve intención de estar.

¿En cuáles?

En Sportivo, por lo que significa su gente, por ver esa mística que tiene: lo seguí en los viejos Regionales, cuando estaban Lerithier, Dagametti y Mercado, y hasta inclusive fui a verlo a Paraná con mi tío. En 9 de Julio, por ser uno de los grandes de Rafaela, el decano del fútbol en la ciudad, con una gran cantidad de hinchas. Y el otro es Atlético, porque es el que más trascendió. Yo estuve en Ben Hur en la mejor época del club, en años en donde casi todos los jugadores querían jugar ahí... y si bien yo no quería irme porque sabía que estaba bien y cómodo ahí, tampoco puedo mentir y decir que no me hubiera interesado jugar en otro lado. Gané muchas cosas en Ben Hur, me fue bien económicamente, pero en lo deportivo me hubiera gustado probar otra cosa. Y de los clubes de la Liga, esos destinos eran Sportivo, el '9' y Atlético.





Del otro lado de la línea





¿Comenzaste como técnico porque te lo propusiste o porque te ofrecieron arrancar?

Porque los dirigentes de Ben Hur me ofrecieron hacerme cargo de las divisiones más chicas de la Escuelita cuando todavía yo estaba jugando. Siempre tuve a pibes hasta 7 años y estuve por espacio de más de 5 temporadas.

¿Alguno de esos chicos a los que les enseñaste sigue jugando?

Juan Tello y Emiliano Lorenzatti, el hermano de Lucas. Y en algunas ocasiones en las que di una mano dirigiendo a la '87, los tuve a Gonzalo Guerrero y Franco Piccard, y algunos '89 como Luisito Boiero, Henzenn y Mauricio Gutiérrez.

¿Cómo seguiste?

Con la Novena. Y ahí dirigí a los chicos de la categoría '90 que había tenido en los Infantiles.

¿Y después?

Nos ofrecieron hacer dupla con Gabriel Veronesse para dirigir una Copa de Clubes Campeones de la Provincia. Subimos a Luciano Varaldo, a los Alvarez que hoy están jugando en Roca y en Sportivo, y varios otros que ya no recuerdo.

Hasta que apareció otra vez Unión de Sunchales en tu vida deportiva...

En el 2003, cuando estaba jugando en San Martín de las Escobas, me preguntaron si me interesaba trabajar con Sexta y Quinta como ayudante de Marcelo Milanese. Yo estaba viviendo allá, así que me vino muy bien la propuesta. Y al otro año quedé como DT yo de esas dos categorías.

¿Cuándo llegaste al plantel profesional?

A mediados de 2004, cuando se fue José Restelli, contrataron a Lito Isabella. Y le ofrecieron a Milanese, que dirigía la Primera liguista, ser su ayudante de campo, pero como él no pudo por cuestiones laborales, agarré yo. Fue una gran experiencia e inclusive cuando Lito se fue, yo tuve la chance de dirigir un par de partidos. Después llegó Cacho Sialle con su propio cuerpo técnico, así que en 2007 me hice cargo de la Primera de la Liga y coordiné todo lo que tiene que ver con el fútbol de la institución. Además, llevé a chicos que son los que están jugando ahora: Pautasso, Ferreyra, Triverio, Segovia, Togachinsco, Stracqualursi...

¿Te fuiste conforme con vos mismo luego de haber dirigido a Unión en el Argentino 'A'?

Siempre dije -y lo sigo sosteniendo- que me fui con la frente alta porque estoy convencido que hice las cosas bien y llevé adelante un buen trabajo.

¿Te lo supieron reconocer?

Yo creo que hubo un complot en contra mía. Encabezado por una persona poderosa dentro del club, con cinco boludos que me puteaban desde la tribuna. Y hoy están ocupando cargos en la subcomisión, por lo que todo me cierra perfectamente. Y hubo algo de una radio, de un periodista en particular. Todos ellos se complotaron en contra mía.

¿Pagaste el precio de ser 'el yerno de...'?

Es posible. Conozco bien las internas de Unión y sé que estos mismos tipos que me insultaban a mí también pensaban, sin argumentos, que mi suegro (N. de la R.: Elvio Stucky, por años hombre fuerte del fútbol unionista) hacía algún negocio particular en el club. Pobre gente: no tienen ni idea las internas familiares que hubo debido a que mi suegro pasaba mucho más tiempo en el club que con la familia. Más que sacar algún rédito, estoy seguro que puso dinero de su bolsillo en muchas oportunidades.

¿Pensás que si hacían una campaña mejor en ese Cuadrangular Final te hubieran renovado el vínculo?

No, de ninguna manera. Estando ahí adentro observé previamente que a los otros técnicos, como Lito Isabella o Cacho Sialle, inmediatamente les ofrecían firmar contrato para la próxima temporada una vez que clasificaban al Reducido.

¿Te cuestionaron más de la cuenta?

Que el equipo en determinados momentos no jugó bien. Y hay que fijarse que en 32 fechas que se disputaron, Unión siempre estuvo primero o segundo. Tuvimos un bajón en la segunda parte, es cierto, pero mantener el andar de las dos primeras ruedas hubiera sido casi imposible por la cantidad de puntos que sacó el equipo. Era lógico que en algún momento íbamos a decaer algo, pero siempre estuvimos peleando arriba. Yo era consciente que si perdía cuatro o cinco partidos seguidos me iba a tener que ir, pero nunca tuvimos una racha tan desfavorable.

¿Te soltaron la mano los jugadores en aquel Cuadrangular Final?

No, simplemente bajamos el nivel y nos faltaron algunos hombres importantes. Cometimos muchos errores defensivos que pagamos caro. Y nos 'mató' Atlético Tucumán, un gran equipo, el mejor de todos.

¿Qué errores cometiste?

En las dos primeros ruedas jugaron casi siempre los mismos, y en la tercera y cuarta rondas quise cambiar un poco, probar otros sistemas con distintos nombres porque ya estábamos casi clasificados debido a la brillante primera parte del campeonato que habíamos hecho. No me fue mal, pero puede haber sido un error. Después, en el Cuadrangular Final, volvimos a las fuentes pero no nos fue bien.

¿En qué consiste tu vínculo con Cyterszpiller?

Desde hace mucho tiempo estoy relacionado con la empresa. Todos conocen el potencial de futbolistas que hay en esta zona y me propusieron seguir a determinados jugadores. Es una tarea que me gusta y que me permite perfeccionarme, porque a través de la empresa pude ir a ver entrenamientos de Arsenal, Lanús, Argentinos Juniors, Gimnasia La Plata y otros equipos de Primera.

¿En qué consiste tu laburo?

En ir a ver a un determinado jugador en un par de oportunidades. Cuando el chico no se entera que lo estás siguiendo, es cuando sacás más conclusiones. Tengo en cuenta la técnica que tiene, la personalidad y, en ciertos puestos, el físico, fundamentalmente en los marcadores centrales. Pero el aspecto físico es relativo porque si juega bien, con eso alcanza.

¿Y negociás vos?

No, yo lo único que hago es el seguimiento del chico y el informe de lo que veo. Después es la empresa la que se encarga de hablar con el club, con el jugador y con sus padres, con el objetivo de llevarlo a la pensión que tienen en Buenos Aires. En estos momentos hay unos 30 chicos en las inferiores de Arsenal, River, Lanús, Argentinos Juniors y Quilmes, entre otros equipos.

¿Te llena este trabajo o ya querés volver rápido a la adrenalina de dirigir?

Me gusta esta tarea, pero se extraña mucho lo otro. Quiero volver a dirigir el torneo Argentino, ya sea en la categoría 'A' o en la 'B', pero mi meta es volver a trabajar. Y si no se da eso, aspiro a poner en práctica un proyecto serio, integral desde las inferiores, como el de Unión.

¿Esperás o desesperás?

Por el momento espero, pero las ganas crecen. Hacía mucho tiempo que no estaba un par de meses sin trabajar y la verdad es que la tranquilidad que tengo ahora llega un momento que te cansa.









El Negro Barraza habla distendido por espacio de más de una hora, mientras espera la llegada de su familia en el reencuentro de la cálida tardecita rafaelina, antes de volver a Sunchales. Con Juliana -el chiche nuevo de la casa- en los brazos de Milena, Santino se acerca y juguetea con su papá, con el que seguramente en un par de años compartirá el repaso de viejos recortes periodísticos que hablan de una zurda extraordinaria capaz de despertar el miedo escénico del arquero de aquella época, de esta actual o de la que vendrá. Y en la próxima década, Santino estará en condiciones de recriminarle a su viejo que baje un cambio con el armado del equipo, con la diagramación del trabajo semanal o con el scouting del adversario de turno, aunque a la vez lo mirará a los ojos y comprenderá que el reclamo bien puede ser atenuado por la inolcutable satisfacción que siente aquel que, en este país, tiene el privilegio de trabajar inmerso en su vocación. Porque Santino, aunque no herede la pasión por el fútbol, entenderá que su papá estuvo, está y estará atado a un sentimiento.







Un equipo imbatible









'Aquel equipo que logró el ascenso al Argentino A en la temporada 1996/97 era una maquinita. Parecía imbatible y creo que realmente lo era porque perdimos sólo un partido en toda la campaña', rememora el Negro a la hora de la preferencia por uno de los tantos planteles que integró. 'En lo personal gané muchos campeonatos de Liga, que son importantes y se festejan de una manera especial, pero sin lugar a dudas que nada se compara a aquella alegría del ascenso', indica.

'Era un gran equipo que, como debe ser, estaba basado en un excelente grupo humano. Tirábamos todos para el mismo lado, queríamos trascender y estábamos convencidos que dejaríamos todo para lograr ese objetivo', recuerda a más de 10 años de aquel decisivo partido del 27 de abril de 1997, cuando goleó en su cancha 5 a 1 a Sarmiento de La Banda.

'Perdimos únicamente en Tucumán, ante Atlético Concepción de la Banda del Río Salí 1-0, lo que da una pauta de lo que éramos como equipo. Y en lo personal hice muchísimos goles, estaba muy bien aunque considero que mi mejor momento fue otro: aquel del '95, cuando tuve la posibilidad de ir a Ferro de Concordia y no me dejaron', dice Gustavo. Y los números ratifican su memoria: aquel Ben Hur dirigido técnicamente por Héctor Rudi Viotti disputó 24 encuentros y perdió uno solo, anotando 56 goles con Barraza como máximo artillero, con 18 conversiones.

Cuentan los que vivieron la intimidad de aquel equipo que el Negro era el encargado de la videoteca. Y en los viajes de vuelta, la elección variaba de título, pero no de género: el triple X, el condicionado, dominaba la escena de un micro que siempre volvió ganador a Rafaela, a excepción de aquella excursión a Tucumán.

'Aquel era un plantel que se la aguantaba. Fuimos a jugar a cada cancha que metía miedo, pero nosotros teníamos un par de nenes que le hacían frente a cualquier cosa. Y eso, en aquel momento, era tan importante como lo futbolístico o lo físico. Yo soy un convencido que si no había jugadores guapos, no había manera de ascender. Y nosotros teníamos al Chueco Clemenz, a Paíto Ostapiuk y al Chivo Mansilla... con ellos como compañeros, voy hasta la guerra', asegura, riéndose de su propia ocurrencia. Y cierra explicando que 'en el club ya había un equipo de experiencia con el Paco Gerold, el Toro Quiroz, Gabriel Veronesse, Ostapiuk, Dante Fontana y otros, y después se sumaron Marcelo López y el Pini Giusta. Posteriormente, cuando superamos la primera fase, se incorporaron Antonio Zorzenón y Jorge Mansilla, que venía de Renato Cesarini. Fue un equipo impresionante'.





De peleas y reencuentros





El Negro Barraza tiene un particularidad a la hora de generar anécdotas: recuerda un par de conflictos que, en ambos casos, tuvieron final feliz.

Dice que con Ricardo Palma fue el único técnico con el cual se peleó, porque el Gordo siempre lo sacaba en los complementos. 'Siempre a mí, me tenía alquilado. Así la estuviera rompiendo, salía yo. Y me cansó. Pero antes de que la cosa pasara a mayores, como yo me quería ir del club por esa situación, (Néstor) Zenklusen nos reunió a los dos y pusimos todo en claro cara a cara. Me dio sus explicaciones tácticas con respecto a que no era conmigo sino con mi posición, porque él siempre apelaba a cambiar primero al enganche (si iba ganando, para reforzar la contención, y si iba perdiendo, para buscar aire fresco, otra cosa desde lo futbolístico). Y si bien no lo compartí, lo entendí. Y quedamos bien al punto tal que, en la parte de motivación del jugador, lo elijo entre los mejores entrenadores que tuve'.

En otro orden, Gustavo menciona que 'el defensor que más lo maltrató fue Hernán Biaggioni. En una final que jugamos en cancha de Atlético, me hizo una falta Juan Núñez y cuando caí, Biaggioni me pisó toda la espalda con los botines con tapones altos. Después, al término del primer tiempo, lo esperé en la entrada de los vestuarios y le di un manotazo con toda mi fuerza, impactándole de lleno en el oído. Empezó a gritar de dolor y quedó sordo por un rato. Y después, al poco tiempo, lo contrató Ben Hur: apenas llegó al club, nos acordamos de aquel episodio y nos reímos mucho. Me dijo que no pudo escuchar nada de la charla técnica del entretiempo culpa mía, pero yo le dije que mi espalda había sentido el rigor de sus tapones por varios días'.
 
 
 
 
 
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